*Informe elaborado por Juan Pablo Ramírez, analista de la unidad Inteligencia de Mercados, de Editec.

En Chile existen siete fundiciones, de las cuales tres tienen refinerías (Chuquicamata, Potrerillos y Ventanas), siendo cinco estatales y dos de propiedad privada (Altonorte y Chagres).

La capacidad de tratamiento anual por cada unidad de fundición se presenta en la Tabla 1, donde Chuquicamata es la de mayor capacidad con 1.400 ktpa de concentrado, siendo una de las más importantes del mundo.

El Estado chileno promulgó en 2013 el DS 28, donde en su artículo 1° declara: “La presente norma de emisión para fundiciones de cobre y fuentes emisoras de arsénico tiene por objeto proteger la salud de las personas y el medio ambiente en todo el territorio nacional. Como resultado de su aplicación se reducirán las emisiones al aire de material particulado (MP), dióxido de azufre (SO2), arsénico (As) y mercurio (Hg).”

En resumen, para las operaciones ya activas se menciona que la fuente emisora debe capturar y fijar más del 95% del azufre y arsénico del peso que entre al proceso; la tabla 2 expone los límites máximos de emisión permitidos para fuentes existentes. Para operaciones futuras, la norma se endurece al requerir una captura y fijación del 98% para azufre y arsénico como mínimo.

Es por lo anterior que las empresas propietarias se vieron en la obligación de invertir en sus operaciones para dar cumplimiento a los nuevos requerimientos interpuestos, con el fin de cuidar el medio ambiente y la salud de la población.

Situación Actual de las fundiciones Chilenas

Para 2017, tres fundiciones ya cumplían con los nuevos estándares impuestos por el decreto supremo n° 28 de 2013, siendo estas: Altonorte, que requirió una inversión de US$100 millones alcanzando una captura del 97% SO2 y más de un 95% en As; Chagres, la cual invirtió US$70,5 millones logrando una captura del 98% de SO2 y 95,54% de As; Ventanas, donde se realizaron inversiones por un monto de US$159 millones alcanzandouna captura mayor a 95% para SO2 y 95,28% para As.

En 2018, las cuatro fundiciones restantes presentaban incumplimiento al decreto que entraría en vigencia a mediados de diciembre.

Chuquicamata requería de realizar mejoras en la captación de polvo y gases generados en sus procesos, lo que contemplaba el remplazo de equipos con una inversión de US$948 millones. En el caso de Potrerillos, también Codelco, ha debido efectuar labores para mejorar la captación de gases y el tratamiento de humos, presupuestando US$523,5 millones. Caletones, de El Teniente, considera el remplazo de equipos para el tratamiento de escoria y una optimización en el proceso de secado y captura de gases, con una inversión de US$573,27 millones.

Enami, en tanto, en su Fundición Hernán Videla Lira en Paipote, destinó una inversión de US$57,96 millones para aumentar la captación de gases en sus procesos y dar cumplimiento al DS 28/2013.

Las Tablas 3 y 4 exponen cómo están configuradas las fundiciones en Chile. La primera muestra el panorama antes de la promulgación del Decreto Supremo 28, y con las modificaciones para darle cumplimiento; mientras que la segunda tabla presenta la configuración de cada fundición para 2019. Lo más destacable es que casi en su totalidad utilizarán doble contacto para la captura de los gases sulfurados a sus plantas de ácido sulfúrico.

Paralizaciones

Para el 13 de diciembre pasado, tres fundiciones aún presentaban retrasos para el cumplimiento de los nuevos límites de emisiones, por lo que desde esa fecha debieron paralizar sus operaciones para adecuar sus instalaciones y procesos, con el objetivo de dar cumplimiento a lo que determina la nueva norma. Las fundiciones con inconvenientes son: Hernán Videla Lira de Enami, Chuquicamata y Potrerillos de Codelco.

Desde la Empresa Nacional de Minería (Enami) se informó que la operación iba a estar paralizada desde el 13 hasta el 23 de diciembre para finalizar la labor de modernización de Paipote. En ese lapso estaba previsto ejecutar el mantenimiento programado para ajustar sus operaciones a la puesta en marcha de la planta de gases de cola, la cual limitará la emisión de SO2 al ambiente bajo 600 ppm, una vez que la fundición reinicie sus actividades. Es importante destacar que no se prevé que esta paralización produzca mermas en la producción anual de cobre de la estatal, ya que los volúmenes pueden ser recuperados durante la vuelta a la operación.

Según palabras del ex vicepresidente ejecutivo de Enami, André Sougarret, la estrategia de Enami se divide en dos etapas, siendo la primera la culminada en 2018 para dar cumplimiento al DS 28/2013 y una segunda etapa que responde a una intervención más profunda, la cual permitirá contar con estándares ambientales y de productividad de clase mundial. Esta segunda fase considera la construcción de una nueva fundición para 2023, que ya se encuentra finalizando su etapa de factibilidad, permitiendo duplicar la capacidad productiva actual de 350.000 toneladas de concentrado por año a 700.000 toneladas.

Un presente más complicado enfrenta Codelco con sus fundiciones Potrerillos y Chuquicamata, debido a retrasos en los proyectos de adecuación e instalación de nuevos equipos. La complicación mayor era la de realizar las labores mientras las fundiciones continuaban operando, lo que aumentaba los riesgos, por lo que cada labor debía realizarse con un mayor cuidado ralentizando así los trabajos.

En el caso de División Salvador, a principios de 2018 se registró una falla mientras se realizaban labores de actualización en Potrerillos, por lo que la estatal se vio obligada a operar la fundición de forma parcial hasta que resolvieran los problemas; unos 22 días de reparaciones.

También la Fundición Potrerillos había programado el mantenimiento anual para ejecutarse desde el 13 de diciembre de 2018 hasta fines de enero de 2019, pero con los retrasos en la modernización, la compañía prevé ahora emprender un programa más exhaustivo que tomará, según las últimas declaraciones de la empresa, 45 días.

El caso de Chuquicamata es aún más complejo, ya que se trata de la fundición chilena de mayor capacidad, y por motivos de atrasos en la adecuación de equipos y construcción de las plantas de ácido sulfúrico, debió paralizar su actividad a partir del 13 de diciembre por más de 80 días según aclaraciones de la compañía, proyectándose que vuelva a operar en abril-mayo próximo. En esta división existían dos líneas de fusión: Horno Flash y Convertidor Teniente (CT), y por decisión de Codelco el CT cerró y dejará de estar operativo por no cumplir con los estándares. Para suplir la baja de capacidad de fusión al cerrar una línea, la Estatal potenciará el Horno Flash, pero aun así la capacidad de tratamiento de concentrado en Chuquicamata bajaría en unas 400.000 toneladas por año respecto de la capacidad anterior.

Una inquietud es cómo enfrentará Codelco los contratos de abastecimiento al corto y mediano plazo, con la fundición detenida. La refinería deberá abastecerse de ánodos desde Altonorte y sus otras operaciones para trabajar a capacidad.

El mayor problema que existe está en la complejidad de los concentrados que se tratan en la refinería de Chuquicamata, pues estos tienen un alto contenido de arsénico, lo cual no es permitido en muchas refinerías extranjeras, por lo que se debe realizar una investigación de mercado rápida para encontrar compradores, pues las refinerías normalmente trabajan con contratos de abastecimiento a largo plazo, y la cantidad de concentrado que Chuquicamata tendrá disponible es considerable, por lo que se debe buscar fundiciones con capacidad para tratar dichos concentrados en el corto plazo.

Finalmente se puede mencionar que Chile es el mayor productor de concentrados del mundo con un 24% en 2016 y se proyecta que represente el 26% para 2030. A pesar de esto, Chile mantiene una baja participación en producción de cobre de fundición a nivel global, con sólo un 8% en 2016 y se estima que disminuirá a 5% para 2030; en el caso de cobre refinado, igualmente posee baja participación en el total de producción, con un 11% en 2016 y estimándose un muy bajo 4% en 2030. Esta baja se explica debido a que para las compañías en el país no es un negocio atractivo construir refinerías y fundiciones, por su alta inversión y bajo retorno.

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