(Diario El Comercio) La transición hacia un sistema de transporte libre de vehículos a diésel y gasolina es considerada una de las principales soluciones para detener la contaminación atmosférica. Estos esfuerzos por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero podrían tener un impacto en los desiertos de sal más grandes del mundo.

Estos ecosistemas, conocidos como salares, no solo llaman la atención por el atractivo de sus paisajes, sino que también son la principal fuente de extracción del litio.

Este metal es utilizado para la fabricación de las baterías de los vehículos eléctricos, por lo que su producción y demanda cada vez va en aumento.

El Servicio Geológico de Estados Unidos revela que, durante el 2017, se produjeron 43 000 toneladas métricas de litio (MT). Esto representa un aumento del 13% en comparación con el año anterior.

Del 2018 al 2022 se prevé que se incorporen otras 86 000 toneladas de este material para satisfacer la demanda.

Los principales productores mundiales de litio son Australia, Chile y Argentina. En América Latina, a estos dos últimos países se suma Bolivia, con el que completan el conocido ‘Triángulo del Cono Sur’. Esta zona alberga el 60% de las reservas de litio de salmueras, que es la forma de extracción actual más económica. Esto se debe a que en este territorio se encuentran salares como el de Atacama, que es el más grande de Chile, y el de Uyuni, que es el de mayor extensión y el de mayor altitud en el mundo.

En este salar, ubicado en Bolivia, la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos recibió este mes la declaración ambiental favorable para la extracción de este metal. Esto permitirá la fabricación de baterías para automóviles con el material obtenido en esta zona. La extracción en estas zonas ha causado preocupaciones por las consecuencias ambientales en este ecosistema.

Daniela Flor, profesora de Ingeniería Ambiental de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), explica que la minería de litio tiene un menor impacto en los ecosistemas, que la de oro y cobre. Los mayores impactos pueden generarse en el agua.

Según Flor, a veces existen acuíferos de salmuera, que están cerca de los de agua dulce, los cuales pueden resultar afectados durante el proceso. El problema en Argentina, Bolivia y Chile es que el agua es escasa y, si se afecta a un acuífero dulce, también se está causando un impacto en la disponibilidad del agua.

Otro problema está relacionado con la gestión de residuos. La cantidad del litio presente en la salmuera extraída, alcanza solo el 1%. El otro 99% del material se convierte en desechos. La idea, explica Flor, es tratar de aprovechar estos residuos, lo cual actualmente no se hace en la mayoría de casos.

A pesar de los impactos que podría tener en el futuro, el litio es una de las opciones actualmente en la lucha contra el cambio climático. Para la investigadora, los vehículos eléctricos se convierten en una alternativa inmediata para un problema que ya está presente.

Alberto Sánchez, profesor de la USFQ, explica que actualmente el litio “es el mejor candidato para producir baterías”. El material permite que estas puedan ser pequeñas, livianas y con alta capacidad de almacenamiento de energía. Si la batería es muy pesada, explica Sánchez, se gastaría más energía en que el automotor se movilice y ahora lo que se busca es que sean más eficientes.

Flor considera que lo más importante ahora es concentrarse en el reciclaje de baterías, ya que el litio es un recurso finito, que en algún momento dejará de existir. Si la gestión de estas baterías no se realiza adecuadamente, podría ocasionar un problema más grave.