Colombia y Chile, oportunidades de colaboración en minería

La relación comercial entre Colombia y Chile pasa por un momento de mucha actividad; es frecuente escuchar de empresas que buscan ampliar sus mercados instalándose en los dos países. El resultado de esto es una balanza comercial equilibrada de USD 60 mil millones, donde ambas economías se han beneficiado del interés de bancos y proveedores de servicios chilenos que se han trasladado a Colombia, y de empresas públicas y privadas colombianas que desarrollan y operan proyectos de infraestructura en Chile.

La estructura de acuerdos comerciales y políticos, que cubren desde el libre comercio y la doble tributación hasta la seguridad social y cooperación científica, ha sido la plataforma para que cientos de empresas chilenas hayan invertido USD 5.500 millones en poco más de una década (2005-2016). Hasta ahora, el sector minero está algo rezagado respecto del dinamismo antes descrito. Nuestros líderes mineros locales –Codelco y Antofagasta Minerals- han tenido tímidas excursiones en Colombia y, quizás por lo mismo, los proveedores de minería no han consolidado su presencia en el mercado colombiano.

En este contexto, la Alianza del Pacífico se presenta como una buena oportunidad para abrir espacios de colaboración en minería entre Chile y Colombia. Estos cuatro países –México, Colombia, Perú y Chile- son uno de los principales bloques productores de recursos minerales en el mundo; en conjunto, son los principales productores de cobre y plata del mundo, y también destacan en la producción de oro, zinc y molibdeno. Además, recibieron un porcentaje relevante del presupuesto global de exploración (21%).

La Alianza del Pacífico es una plataforma adecuada para desarrollar iniciativas regionales que consoliden a países emergentes en minería como Colombia y México (y en el futuro otros como Ecuador o Panamá) a partir de la experiencia de Chile y Perú. Por de pronto, se puede trabajar en la homogenización normativa para la aplicación de estándares técnicos relacionados a pequeña minería, cierre de faenas mineras y pasivos ambientales; el estudio de impactos ambientales transfronterizos; y la generación de competencias laborales y certificaciones (“pasaporte minero”) complementarias a los tratados migratorios.

Si bien Colombia aún se encuentra rezagado en sus cifras de exploración (2%) y producción respecto de los demás países de la Alianza del Pacífico, es un país altamente atractivo en su potencial geológico y presenta un trabajo constante para consolidar su institucionalidad minera. Aún cuando en los últimos años se han generado posiciones divergentes frente a la minería entre distintos órganos del Estado (Corte Constitucional, Contraloría, gobiernos locales), en materia institucional, Colombia ha realizado un trabajo serio por fortalecer a la autoridad minera y al servicio geológico, así como también por mejorar su catastro minero, ofrecido la posibilidad de solicitar concesiones en línea. Además, ha liderado programas de formalización de pequeños mineros y se encuentra en las últimas etapas para ingresar a EITI (Extractive Industries Transparency Initiative).

Colombia y Chile tienen un gran horizonte para ampliar sus relaciones comerciales a través de la minería. Por de pronto, se debería propiciar un trabajo conjunto en el desarrollo de centro de ciencias aplicadas e innovación, promover iniciativas público-privadas como el programa Alta Ley y generar modelos de asociatividad para la provisión de bienes y servicios en toda la región.