(Blog Minería 2021/Diario Gestión) Estando ad portas de despedir el año 2017, afrontamos como país un contexto político turbado; que sin duda, influirá en nuestra estabilidad social y económica futura.

Permítanme hacer un símil con la metodología que empleamos en la industria minera como parte de la mejora continua de procesos, y en vez de detenernos en la coyuntura y las especulaciones acerca de lo dicho por acusadores y acusados, tratemos de reflexionar y hallar la “causa – raíz” del problema.

El diagnóstico certero acerca del origen del problema (causa – raíz) nos permitirá diseñar e implementar una solución sostenible en el tiempo; y así evitar que esta crisis sea cíclica o repetitiva.

Antes de analizar la causa – raíz de la crisis política del país, considero necesario hacer un balance del año 2017, desde la perspectiva de uno de los pilares de su economía: la industria minera.

Durante este año que culmina destacan: el inicio de operaciones de la mina de oro Tambomayo; los avances en la ampliación de la mina de cobre Toquepala y la mina de hierro Marcona; el listado de las minas de Milpo – Atacocha y la refinería de Cajamarquilla en la bolsa de New York, como parte de la nueva entidad Nexa Resources y la adquisición del paquete mayoritario de acciones de Volcan Cía Minera por parte de la minera Glencore.

Tambomayo

Todas las decisiones antes mencionadas confirman la atracción y la fortaleza de nuestro país como receptor de inversiones mineras.

Sin embargo, en este año que culmina también hemos visto iniciativas legislativas que apuntaban a restarle competitividad, a partir de seudo preocupaciones ambientales; tal es el caso de la ley de “cabecera de cuencas”.

¿Cómo se explica esta falta de coherencia en la formulación de políticas públicas, en un país como el Perú, donde aún tenemos más de 20% de nuestra población en condición de pobreza?

¿No es sino, mediante la promoción de la inversión que se genera empleo y se reduce la pobreza?

La metodología de la “causa-raíz” nos permite aseverar que la institucionalidad o grado de madurez que han alcanzado nuestras organizaciones políticas se encuentran en un estadío incipiente.

Contamos en el país con “movimientos políticos” y no “partidos políticos”, muchos de ellos ligados al liderazgo de una persona o un apellido y no al alineamiento detrás de un ideario o visión de desarrollo; con prácticas poco democráticas y propensas al rédito de corto plazo, siguiendo la presión mediática; en vez de una visión y la consecución de metas de largo plazo.

Por ello, el título de este artículo: ¿Qué hacer?

¿Qué hacer si queremos seriamente colocar el país en la senda del desarrollo sostenible?

Considero que el debate central estaría en cómo construir organizaciones políticas que alcancen la madurez equivalente a aquella de los países miembros del OECD.

En buena cuenta, cómo subir los estándares de nuestras organizaciones políticas, como lo viene haciendo nuestra industria minera que compite a nivel global.